Reportajes

“Caballitos de Acero”

En los años 30, en trayectos que duraban meses, llegaban en barcos desde Europa, las primeras bicicletas al país, de marcos en acero, con accesorios como lámparas de gas, parrilla, espejos y pesaban entre 15 y 20 kilos.

Hay evidencia de bicicletas inglesas de marca Hércules que llegaron  a familias de niveles altos en Cundinamarca, Antioquia y Valle. En los años 40 y 50 empezaron a llegar de Brasil y la India, señaló Fabián Rojas, fundador del colectivo Las Clásicas del Zipa.

En los 60, las familias de nivel alto abandonan las bicicletas y comienzan a comprar autos. Y es allí, cuando llegan de Estados Unidos  los “caballitos de acero” mucho más económicos;  y se instala en Colombia la marca Monark, con fábrica en Cali.

Como medio de transporte, la bicicleta comenzó a utilizarse como herramienta de trabajo. Los campesinos movilizaban las cosechas y las cantinas la leche, y en las ciudades, los mensajeros, el correo, la Policía y los bomberos se desplazaban estos vehículos.

En los 70 y 80, con el rápido crecimiento de las ciudades, sobre todo Bogotá, poco a poco las calles se fueron congestionando por los carros y la bicicleta iba un poco rezagada.

La fiebre por los “caballitos de acero” volvió a tomar impulso hace 43 años, en 1974, cuando en Bogotá se implementó la primera ciclovía dominical, con 24 kilómetros de extensión. Salieron a recórrela cinco mil bogotanos.

Según el Ministerio de Transporte, Bogotá cuenta con 480 kilómetros de ciclorrutas, donde se realizan 650.000 viajes diarios;  Medellín tiene 48 kilómetros y Cali, 45.

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